En las montañas de Socorro, Santander, donde la historia del territorio se entrelaza con el trabajo paciente de la caficultura, nace este café de variedad Castillo. Un grano que recoge el carácter de las tierras comuneras: firme, expresivo y profundamente ligado al oficio de quienes lo cultivan.
Este lote ha sido evaluado con 84.5 puntos SCA, una puntuación que lo sitúa por encima del estándar del café comercial y confirma su pertenencia al universo del café de especialidad. La cifra resume un proceso cuidado desde la finca hasta el beneficio: selección rigurosa de cerezas maduras, lavado preciso y secado controlado para preservar la claridad del perfil en taza.
El resultado es un café equilibrado y generoso. En el aroma aparecen notas reconfortantes de caramelo y frutos secos, acompañadas por una suavidad que recuerda a la manzana madura. En boca, el perfil se despliega con un cuerpo cremoso y envolvente, mientras una acidez cítrica media aporta frescura y estructura.
El proceso lavado y el secado mecánico controlado permiten que cada lote mantenga una calidad constante. Es una técnica que protege la limpieza de la almendra y asegura que el carácter del origen se exprese con nitidez.
Este Castillo no busca estridencias. Su fuerza está en el equilibrio: dulzor presente, cuerpo definido y una acidez que sostiene la taza sin dominarla.
Un café pensado para quienes encuentran en el primer sorbo del día algo más que un hábito.
Un momento de pausa donde la montaña, el trabajo humano y el tiempo se encuentran en silencio dentro de la taza.