En las laderas de Socorro, Santander, donde la caficultura forma parte del ritmo cotidiano de la tierra, crece este varietal Colombia. Cada cereza madura lentamente bajo el sol de altura, sostenida por el trabajo constante de quienes han aprendido a leer el clima, el suelo y el tiempo.
Este lote ha sido evaluado con 82 puntos SCA, una calificación que confirma su calidad dentro del café de especialidad y reconoce el cuidado presente en cada etapa del proceso. Desde la selección manual de las cerezas hasta el tratamiento posterior del grano, cada decisión busca preservar la identidad del origen.
En taza se presenta con un cuerpo intenso y envolvente, una presencia que sostiene el café desde el primer sorbo. Aparecen notas profundas de chocolate de leche, seguidas por un dulzor equilibrado que recuerda a la panela y la ciruela pasa, acompañado por un matiz cálido de pan tostado. La acidez cítrica definida aporta estructura y mantiene el equilibrio del perfil.
Su proceso natural con fermentación de 36 horas potencia la dulzura del grano y permite que el carácter del café se exprese con mayor amplitud. Es una técnica que exige atención y precisión, pero que revela una taza más amplia y generosa.
Este café pertenece a una tradición que ha sostenido a generaciones enteras de caficultores en las montañas de Santander. Un perfil que no busca extravagancias, sino profundidad, carácter y honestidad en la taza.
El primer sorbo no es solo el inicio del día.
Es también una forma de volver, aunque sea por un instante, a la tierra que lo hizo posible.