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La temperatura también hace parte del sabor

La temperatura también hace parte del sabor

Hay una costumbre casi automática al tomar café. Lo servimos y bebemos pronto, cuando todavía está muy caliente. Ese primer sorbo suele convertirse en nuestra primera impresión del café, aunque la taza todavía tenga mucho por mostrar.

A medida que pierde calor, cambian la intensidad del aroma, la percepción del dulzor, la acidez y la textura. No hace falta medir cada grado para notarlo. Basta con probar una misma taza después de unos minutos y prestar atención.

El primer momento

El café recién preparado tiene una gran intensidad aromática. El calor favorece la liberación de compuestos volátiles y hace que algunos aromas lleguen con mayor fuerza al olfato. Por eso, cuando la temperatura es alta, podemos percibir una impresión más general del café antes que sus matices.

Esto resulta interesante en perfiles especialmente aromáticos. El Geisha de 24 Grados, cultivado en Viotá, Cundinamarca, reúne notas de vainilla, rosas, chocolate, fresas y ciruelas rojas, con un cuerpo medio-alto y sedoso y una acidez cítrica brillante. Probarlo apenas preparado permite apreciar su intensidad aromática. Esperar un poco facilita reconocer mejor las relaciones entre esas características.

Cuando el calor baja

Con algunos minutos de reposo, el café suele resultar más fácil de leer. El dulzor puede hacerse más evidente y la acidez adquiere mayor definición. También podemos prestar más atención al cuerpo y al sabor que permanece después del sorbo.

El Castillo de 24 Grados, procedente de Socorro, Santander, tiene un perfil diferente, con caramelo, frutos secos y manzana, además de un cuerpo cremoso y una acidez media de notas cítricas. Probarlo en distintos momentos permite descubrir cómo esas características se relacionan entre sí y cuáles permanecen con mayor claridad.

No se trata de buscar una nota exacta. La ficha sensorial ofrece un punto de referencia, pero la experiencia ocurre en la taza.

Cada perfil tiene su propio recorrido

La temperatura tampoco actúa de la misma manera sobre todos los cafés. Las características del grano, su proceso y su tostión intervienen en la forma en que percibimos la bebida.

El Colombia de Socorro presenta un cuerpo intenso y envolvente, con notas de chocolate de leche, panela, ciruela pasa y pan tostado. Su proceso natural, con 36 horas de fermentación, busca potenciar su dulzor y aportar un carácter robusto.

El café de Anserma Nuevo, en el Valle del Cauca, tiene una expresión más floral y aromática, con azúcar morena, té verde, naranja, vainilla y piel de limón. Su cuerpo es sedoso y su acidez, cítrica y media.

Poner dos cafés distintos frente a una misma preparación puede revelar diferencias que no siempre aparecen en una primera degustación.

Un ejercicio sencillo

La próxima vez que prepares café, prueba un sorbo al comienzo. Después deja la taza unos minutos y vuelve a ella. No necesitas tomar notas ni conocer términos de cata. Pregúntate qué cambió.

Tal vez el dulzor sea más evidente. Tal vez la acidez tenga otra presencia. Tal vez el aroma inicial haya perdido intensidad y aparezca con mayor claridad una característica que antes no habías identificado.

Puedes repetir el ejercicio con diferentes cafés de 24 Grados y comparar sus perfiles. Es una forma sencilla de acercarse a la diversidad del café de especialidad sin convertir la preparación cotidiana en un ejercicio complicado.

El café que llega a la taza contiene el resultado de una variedad, un territorio, una cosecha, un proceso y una tostión. La manera en que lo probamos también forma parte de la experiencia.

La próxima vez, antes de terminar la taza, déjala enfriar un poco. Quizá encuentres algo que el primer sorbo no alcanzó a mostrar.

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